¿Porqué comemos lo que comemos?

Si en algún momento se han preguntado, ¿porqué no se me puede antojar la sopa de chayote todos los días?
Probablemente estas intentando ver a la comida como una solución que no es.
La manera en la que nos alimentamos tiene mucho más que ver con la manera en la que fuimos educados, nuestros sistemas de creencias y experiencias previas, que con lo que te gusta y no comer. 
Esas personas que logran el equilibrio entre cuidar su salud física, mental y emocional... no comen sopa de chayote todos los días y lo mejor, no les importa. 

Entonces porque la mayoría de personas se obsesionan con lo que pueden y no pueden comer, pasan de un regimen alimenticio no sostenible, al siguiente detox, al nuevo reto de moda, a tirar la toalla por quinta y tal vez última vez. 

Y lo que sucede es que nuestras decisiones diarias, conscientes o inconscientes van marcando la pauta de nuestros hábitos, sean alimenticios o no. 

Y como es de esperarse no todos los días tomamos las mejores decisiones, y eso es parte del proceso. Querer mejorar y superarte, teniendo como referencia solamente quién eres hoy y quién quieres ser mañana.  

Saber qué es lo que estas comiendo, literalmente que materia prima le estas dando a tu cuerpo para cumplir sus funciones, ayuda. La cantidad que necesitas para cumplir tus requerimientos, también ayuda. Hacerlo de manera consciente y presente, también ayuda. Y el conjunto de ellas en lo que marca la diferencia, aislados son pequeñas piezas que no logran el éxito, sea cual sea para ti. 
Ejemplo, puedes comer todos los días tus calorías exactas necesarias a base de 250 mL de refresco y 4 reb de pizza, sin llegar a tener la salud deseada (colesterol y triglicéridos al techo), pero eso si sin pasarte de las calorías que necesitas. 
Puedes por otro lado, comer frutas y verduras de manera desmesurada y la calidad de tus alimentos on point, pero la cantidad sin pies ni cabeza. Tampoco funciona, y por último puedes comer poniendo mucha atención, sin distractores y meditando mientras comes 1 L de refresco y 8 papayas que tampoco te llevarán a ninguna parte. 
Somos la suma de nuestras acciones, nuestras convicciones, nuestros hábitos. Pero ninguno nos define.